Si. Ahora más que nunca. Durante mucho tiempo no he podido escribir. Trabajo, algún viaje y tiempo para pensar, sobre todo eso, tiempo para pensar. Sin embargo, las circunstancias en las que se mueve el mundo del ciclismo estos últimos días me empujan a volver a abrir esta ventana.
Charlo y discuto con mucha gente sobre ciclismo durante estas semanas. A los españoles nos gusta ver el Tour durante el mes de julio. Me sorprendo de como me preguntan en el trabajo por cosas de las que no se interesan en el resto del año. ¿Por qué no está Zandio en el Tour? ¿Y Karpets? Y yo, que agradezco que me consulten cualquier duda porque ante todo soy un compañero más y las dudas suele surgir de mí, contesto con una sonrisa en la cara. "Quieren saber de ciclismo y no me sonrojan con la típica burla del dopaje, de puta madre." Valverde gana, Luis León se exhibe y las cosas marchan. Las audiencias suben y cada día el ciclismo tiene más espacio en los informativos.
Sin embargo, las cosas comienzan a torcerse. Triki Beltrán da positivo y a los cinco minutos tengo dos llamadas perdidas para ver si tengo algo aportar. Se apaciguan los ánimos y se vuelve a hablar de ciclismo con la llegada de Pirineos. Valverde naufraga y, aunque sea por lo negativo, todo el mundo se preocupa por como van las cosas por Francia. Parece que tendremos ciclismo para rato. Ni de coña. Llego a trabajar por la mañana y el mismo que me llamó para contarme lo del Triki me comenta que "otra vez mi deporte". Coño, Moisés Dueñas.
El ciclismo vuelve a tomar protagonismo pero esta vez no me gusta. Comienzo a explicar qué efectos tiene el doping y qué es eso que llaman EPO. Oxigenación, glóbulos rojos, hormonas glucoprotéicas... parezco un farmacéutico y eso que yo siempre seguí el camino de las letras. Se vuelve a sosegar el ambiente, Dueñas va a declarar pero la etapa arrancará sin problemas, o al menos eso parecía. Positivo de Riccardo Riccó, Saunier Duval se marcha, Kirchen asegura que no le sorprende, Madariaga se muestra indignado, Caisse D´Epárgne calla y Schleck se alegra por la expulsión de un tramposo. Menudo circo.
Y yo me pregunto, ¿hasta cuando esto? Los que me preguntaban por Zandio ya no quieren saber nada de ciclismo. Se alejan del televisor, no ven a los patrocinadores y los que pagan se enfadan, tanto que se plantean su continuidad. El ciclismo necesita un cambio, una transformación, pero tan profunda que a día de hoy parece más probable encontrar a Blancanieves que cerrar de una vez el cuento de terror que abrimos hace ya diez años.
Charlo y discuto con mucha gente sobre ciclismo durante estas semanas. A los españoles nos gusta ver el Tour durante el mes de julio. Me sorprendo de como me preguntan en el trabajo por cosas de las que no se interesan en el resto del año. ¿Por qué no está Zandio en el Tour? ¿Y Karpets? Y yo, que agradezco que me consulten cualquier duda porque ante todo soy un compañero más y las dudas suele surgir de mí, contesto con una sonrisa en la cara. "Quieren saber de ciclismo y no me sonrojan con la típica burla del dopaje, de puta madre." Valverde gana, Luis León se exhibe y las cosas marchan. Las audiencias suben y cada día el ciclismo tiene más espacio en los informativos.
Sin embargo, las cosas comienzan a torcerse. Triki Beltrán da positivo y a los cinco minutos tengo dos llamadas perdidas para ver si tengo algo aportar. Se apaciguan los ánimos y se vuelve a hablar de ciclismo con la llegada de Pirineos. Valverde naufraga y, aunque sea por lo negativo, todo el mundo se preocupa por como van las cosas por Francia. Parece que tendremos ciclismo para rato. Ni de coña. Llego a trabajar por la mañana y el mismo que me llamó para contarme lo del Triki me comenta que "otra vez mi deporte". Coño, Moisés Dueñas.
El ciclismo vuelve a tomar protagonismo pero esta vez no me gusta. Comienzo a explicar qué efectos tiene el doping y qué es eso que llaman EPO. Oxigenación, glóbulos rojos, hormonas glucoprotéicas... parezco un farmacéutico y eso que yo siempre seguí el camino de las letras. Se vuelve a sosegar el ambiente, Dueñas va a declarar pero la etapa arrancará sin problemas, o al menos eso parecía. Positivo de Riccardo Riccó, Saunier Duval se marcha, Kirchen asegura que no le sorprende, Madariaga se muestra indignado, Caisse D´Epárgne calla y Schleck se alegra por la expulsión de un tramposo. Menudo circo.
Y yo me pregunto, ¿hasta cuando esto? Los que me preguntaban por Zandio ya no quieren saber nada de ciclismo. Se alejan del televisor, no ven a los patrocinadores y los que pagan se enfadan, tanto que se plantean su continuidad. El ciclismo necesita un cambio, una transformación, pero tan profunda que a día de hoy parece más probable encontrar a Blancanieves que cerrar de una vez el cuento de terror que abrimos hace ya diez años.



























Para un servidor la gran jornada será la penúltima, la última con montaña. Llegue o no decidida la general, habrá que rendir tributo al Mortirolo, el más mítico de los Passos italianos. El Giro no se ha andado con milongas y ha presentado una etapa brutal, casi inhumana para ser la vigésima. 224 kilómetros, una distancia que asusta para la altura de la carrera de la que hablamos, más todavía teniendo en cuenta la que han montado los de RSC. Asfaltado o no, el Gavia es uno de los puertos con más historia del Giro, y sino sólo hay que recordar que un año más será Cima Coppi, souvenir que se entrega en el punto más alto de la corsa rosa. Pasado el interminable Gavia se afronta el siempre eterno Mortirolo. La debilidad ciclista del que les cuenta. Aquí no valen las medias tintas ni que tire otro compañero. O subes tú o no tienes nada que hacer. La carrera no acaba ni mucho menos ahí. Después habrá que hacer frente al duro falso llano de Áprica. Basso no fue capaz de descolgar a Simoni en la última ascensión al Mortirolo y en cambio si lo hizo en ese tramo que siempre pica hacia arriba y que se atraganta a más de uno. Ahí los minutos van cayendo casi sin darse cuenta. Y por si fuera poco, no habrá paseo en Milán, sino la única crono llana de la carrera... por si quedara algo por decidir.