
Etapa larga, excesivamente, entre dos puntos separados por la bella ciudad de Bolonia, hoy rodeada por los ciclistas. El guión estaba escrito de antemano y hoy todos se empeñaron en cumplirlo a la perfección. Aunque no hubiera una gran sinfonía y los instrumentos no estuvieran afinados para este día, los protagonistas siguieron punto por punto los arreglos de la partitura del día.
Tres fugados dieron inicio a un largo cánon, que comenzó en el kilómetro seis de carrera y se prolongó hasta que los músicos del pelotón se hartaron de estar en segundo plano, decidiendo comenzar a entonar firmemente la marcha militar con la que la carrera ha llegado a meta. Edaleine, Aranaga y Matveyev decidieron formar una banda de rock que tenía fecha de caducidad. Davitamon Lotto y T-Mobile sabían que podían encontrar en meta el sonido del dulce beso de las azafatas del Giro de Italia y no dudaron en hacer más grave el chirriar de las ruedas cuando fue necesario.
En el sprint final también se cumplió el guión esperado. Robbie Mcewen logró el triplete
entrando a meta de modo triunfante como si por detrás suyo sonara la banda sonora del Equipo A. Mientras, Olaf Pollack lograba un segundo puesto que le sabía a gloria pues le otorgaba el liderato de la general en detrimento de su compañero de equipo Serhyi Gonchar.

Mañana comienza el espectáculo de la montaña en el Giro. Etapa en la que no debe haber diferencias entre los importantes, pero en la que segundos espadas o corredores con características para la media montaña pueden tener su día. El puerto más duro del día alcanza rampas de hasta el 14 por ciento, pero el Monte Catria está a cien kilómetros de meta por lo que seguramente veamos fuego de artificio de segundas espadas.
Fotos: Sirotti
Mcewen rides y Pollack in pink
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